Si intento recordar algún momento de mi infancia, inevitablemente me vienen recuerdos en la falla. Meriendas de bocadillos de Nocilla. Cuando nos metíamos por debajo de las acequias mientras nuestras madres cosían nuestros disfraces para la cabalgata. Los concursos de dibujos el día de la plantà. La barraca de metal que se ponía aquí abajo. Empezar a escribir y practicar escribiendo la lista de la compra de fallas. Los tantísimos Play-Backs. Llevar 3 añitos andando y empezar a bailar jotas. Morirme y llegar hasta temblar por peinarme y vestirme (aunque esto sigue hoy en día...). Las heridas que mancharon de sangre mis zapatos de Fallera Mayor Infantil y rompieron mis medias, pero aún así desfilar como si nada durante toda la Ofrenda. Que el mejor (o casi) año de mi vida sea aquel 2001. Quedarme embobada mirando las fotos de las Falleras Mayores de la historia de la falla. Aquella noche que trajeron un boys a la barraca y todos los niños intentando ver algo y reírnos un rato. Las comiditas que preparabamos con las cebollas y las patatas de la huerta y nos llenábamos hasta arriba de barro, ducharnos y volver a bajar a la discomóvil. Aquel día del gran saco de patatas que hizo que hasta hoy, cuando nos acordamos, se nos salten las lágrimas de la risa. Aquel día montando la hoguera de San Juan. imaginar un tobogán de mi balcón a la puerta de la falla. Quedar 80 personas encerradas en el mini baño que tenía un olor 'característico'. Subir llorando por querer ese 'ratito más!'.
Las cosas en el barrio, en la falla, han cambiado. Como todo. La gente va y viene. Pero los recuerdos siempre quedarán ahí. Como también los sueños...
| Ofrenda |
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